“El Señor te guiará continuamente, Saciará tu deseo en los lugares áridos Y dará vigor a tus huesos. Serás como huerto regado. Y como manantial cuyas aguas nunca faltan” (Isaías 58:11).
La sanidad y la victoria son nuestras. Debemos saber lo que el Señor ha provisto para nosotros y alabarle a Él por ello.
El pecado y la enfermedad han sido apartados, y en el nombre de Jesús tenemos dominio sobre el diablo y todas sus obras.
Confesamos que nuestro Señor “ha llevado nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores”. Confesamos que Él fue azotado y herido por Dios con nuestras dolencias y padecimientos, y ahora por sus llagas somos totalmente curados.
El triunfo de Jesucristo es nuestro triunfo; su victoria es nuestra victoria. Él no hizo nada para sí mismo, todo lo hizo por nosotros.
E. W. Kenyon


