“Y por la mano de los apóstoles se hacían muchas señales y prodigios en el pueblo; y estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón. Tanto que sacaban los enfermos a las calles, y los ponían en camas y lechos, para que, al pasar Pedro, a lo menos su sombra cayese sobre alguno de ellos” (Hechos 5:12-15).
Los años iniciales de la historia de la Iglesia Primitiva registrados en el libro de los Hechos, fueron años de ejemplo, y podemos conocer los principales acontecimientos ocurridos a los primeros creyentes. Este era un cristianismo auténtico, de lo milagroso.
Si no vivimos la parte sobrenatural del cristianismo, sólo tenemos una religión más. El verdadero cristianismo no es una religión. Es una forma de vida. Es el corazón y la naturaleza de Jesús, manifestada en los seres humanos. Es un caminar de milagros. Comenzó con milagros, está basada en una sucesión de hechos sobrenaturales y es propagada por ellos.
Permitamos que Cristo viva en nosotros, con su poder y su vida. Eso es el cristianismo verdadero. Todo lo demás es una rutina eclesiástica. La clave para recibir y obrar milagros es sencillamente tener fe en que Cristo se expresó seriamente cuando dijo lo que dijo.
Cree que Dios es lo que Él dice que es. Cree que eres lo que Él dice en su Palabra que eres. Y el Señor hará lo que Él dice que hará.
T. L. Osborn


