“Los sacó con plata y oro; Y no hubo en sus tribus enfermo” (Salmo 105:34).
Mientras Israel estaba en Egipto bajo una opresión de esclavitud, oraron a Dios y fueron oídos por Él, y después de varios acontecimientos, salieron en busca de la tierra prometida.
Dios hizo un pacto con ellos, estableció la Pascua y les dio promesas de riquezas, salud y bienestar. Imagínate que entre más de dos millones de personas de todas las edades transitando por el desierto, no hubo enfermos entre ellos. Dejame mostrarte solo dos ejemplos de entre esos caminantes:
Moisés: “Moisés era de edad de 120 años cuando murió, sus ojos nunca se oscurecieron, ni perdió su vigor” (Deuteronomio 34:7).
Caleb: “Aquí estoy este día con mis ochenta y cinco años: ¡el Señor me ha mantenido con vida! Y todavía mantengo la misma fortaleza que tenía el día en que Moisés me envió. Para la batalla tengo las mismas energías que tenía entonces” (Josué 14:10-11).
Ese pacto fue maravilloso. Eran sanos, prósperos y bendecidos. Podríamos decir que fue muy bueno.
Si en el Antiguo Pacto ellos vivieron bendecidos, sanos y prósperos, Jesús ha hecho una mejor provisión para nosotros.
Con amor,
Pastor Omar Daldi